
Los trastornos del suelo pélvico engloban un conjunto de alteraciones funcionales que afectan a los músculos, ligamentos y nervios encargados de sostener los órganos pélvicos y de controlar la continencia y la evacuación intestinal.
El suelo pélvico desempeña un papel fundamental en funciones como la defecación, el control de gases y heces y el soporte del recto. Cuando estos mecanismos se alteran, pueden aparecer síntomas que afectan de forma significativa a la calidad de vida.
Los trastornos del suelo pélvico pueden manifestarse de distintas formas, siendo los síntomas más habituales:
En muchos pacientes pueden coexistir varios de estos síntomas de manera simultánea.
El origen de estas alteraciones suele ser multifactorial. Entre las causas más frecuentes se encuentran:
El diagnóstico se basa en una historia clínica detallada y una exploración física especializada. En función de cada caso, pueden ser necesarias pruebas complementarias como:
Estas pruebas permiten identificar el tipo de alteración y orientar el tratamiento más adecuado.
El tratamiento depende del tipo y la gravedad del trastorno y, en la mayoría de los casos, es conservador.
Las opciones terapéuticas incluyen:
En los casos más complejos o cuando el tratamiento conservador no es eficaz, puede ser necesario valorar opciones quirúrgicas específicas, siempre de forma individualizada y realizada por cirujanos de experiencia contrastada en este tipo de patologías.
Si presenta síntomas compatibles con un trastorno del suelo pélvico o desea una valoración por un especialista en coloproctología, puede ponerse en contacto con nuestro equipo.
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Son un conjunto de alteraciones funcionales que afectan a los músculos, ligamentos y nervios encargados de sostener los órganos pélvicos y de controlar la continencia y la evacuación intestinal. Pueden manifestarse como prolapso rectal, incontinencia fecal, escapes de gases o dificultad evacuatoria.
Entre las causas se incluyen los partos vaginales múltiples o traumáticos, el envejecimiento y debilitamiento muscular, y las cirugías previas anales o pélvicas. También contribuyen el estreñimiento crónico con esfuerzos defecatorios prolongados y determinadas alteraciones neurológicas.
El diagnóstico parte de una historia clínica detallada y una exploración física especializada. Para completar la valoración funcional se emplean pruebas como la manometría anorrectal, la ecografía anal y la defecografía.
El tratamiento inicial suele ser conservador e incluye reeducación del hábito defecatorio, modificación de la dieta y el tránsito, fisioterapia especializada del suelo pélvico y técnicas de biofeedback para mejorar el control muscular. Cuando es necesario, se valoran opciones quirúrgicas evaluadas de forma individualizada para cada paciente.