
De forma general, el estreñimiento se define por la presencia de uno o varios de los siguientes criterios:
La combinación de varios de estos criterios es habitual en los pacientes con estreñimiento.
El estreñimiento es muy común en la población general. Se estima que alrededor del 80 % de las personas presentarán al menos un episodio de estreñimiento a lo largo de su vida.
En España, aproximadamente el 38 % de las mujeres y el 12 % de los hombres se consideran estreñidos.
Las causas del estreñimiento son múltiples y, en muchos pacientes, pueden coexistir varios factores:
Entre los fármacos más frecuentemente asociados al estreñimiento se encuentran algunos antidepresivos, diuréticos, suplementos de calcio y antiácidos.
Existen también causas médicas más relevantes, como:
Se recomienda una valoración por un especialista cuando el estreñimiento persiste más de tres semanas o cuando se acompaña de moco o sangre en las heces.
En la mayoría de los pacientes, el tratamiento se basa en corregir las causas del estreñimiento, entre ellas:
En algunos casos puede ser necesario añadir laxantes o enemas de forma controlada, así como programas de entrenamiento para la defecación, como el biofeedback.
Solo en situaciones excepcionales es necesario recurrir a un tratamiento quirúrgico para mejorar el estreñimiento.
Si el estreñimiento es persistente, no responde a las medidas habituales o se acompaña de otros síntomas, le recomendamos una valoración por un especialista en coloproctología.
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Según el artículo, se considera estreñimiento cuando se cumple uno o varios criterios: realizar esfuerzos defecatorios importantes en al menos el 25 % de las deposiciones, evacuar dos o menos veces por semana, o expulsar heces duras o en forma de bolas en al menos una cuarta parte de las deposiciones.
El artículo recomienda consultar cuando el estreñimiento persiste más de tres semanas. También conviene acudir si se acompaña de moco o sangre en las heces.
El artículo señala varias causas, como la ingesta insuficiente de fibra y líquidos, el sedentarismo, el embarazo, los viajes o cambios dietéticos y ciertos medicamentos (antidepresivos, diuréticos, suplementos de calcio o antiácidos). También pueden influir enfermedades del tejido conectivo, hormonales y neurológicas, así como alteraciones de los músculos o nervios del intestino grueso.
El artículo indica que el tratamiento comienza por aumentar la fibra y los líquidos, incrementar la actividad física y revisar los medicamentos que puedan estar contribuyendo. Si es necesario, pueden emplearse laxantes y enemas de forma controlada, así como programas de entrenamiento para la defecación, como el biofeedback. Solo en situaciones excepcionales se recurre al tratamiento quirúrgico.