
La incontinencia fecal es un problema más frecuente de lo que se suele pensar y afecta a un porcentaje significativo de la población. Sin embargo, no siempre es motivo de consulta médica, ya que muchas personas sienten vergüenza al hablar de este síntoma.
Tanto la incontinencia fecal como la incontinencia urinaria aumentan con la edad y con frecuencia aparecen de forma asociada.
Existen múltiples causas de incontinencia fecal. La más frecuente es la lesión del esfínter anal durante el parto vaginal, que puede producir desgarros musculares o lesiones nerviosas. Estas alteraciones pueden manifestarse inmediatamente tras el parto o aparecer años después.
Otras causas posibles incluyen:
Para estudiar la causa de la incontinencia fecal no suelen ser necesarias pruebas complejas. En la mayoría de los casos es suficiente con:
El tratamiento depende del grado de afectación y de la causa subyacente.
En los casos más leves, la mayoría de los pacientes mejoran con:
En otros casos es necesario realizar un entrenamiento del esfínter anal mediante una técnica denominada biofeedback, que ayuda a mejorar el control voluntario de la defecación.
En los casos más severos, puede ser necesario combinar los tratamientos conservadores con técnicas quirúrgicas, como:
La elección del tratamiento se realiza de forma individualizada, con el objetivo de mejorar el control fecal y la calidad de vida del paciente.
Si presenta pérdida de control de gases o heces, aunque sea de forma ocasional, le recomendamos una valoración por un especialista en coloproctología.
Puede ponerse en contacto con nuestro equipo a través del siguiente formulario para una evaluación personalizada. Tenemos una amplia experiencia en todos los tipos de tratamientos de la incontinencia fecal.
Es la dificultad para controlar la salida de gases o heces. Se trata de un problema más frecuente de lo que se suele pensar y que afecta a un porcentaje significativo de la población. Aunque repercute en la calidad de vida, tiene tratamiento en la mayoría de los casos.
La causa más frecuente es la lesión del esfínter anal durante el parto vaginal. También puede deberse a cirugías anales previas (fisuras, hemorroides u otros procedimientos), diarrea crónica y traumatismos anales. Ciertas enfermedades neurológicas como la diabetes y la esclerosis múltiple también pueden provocarla.
El diagnóstico comienza con una historia clínica detallada y una exploración física del ano y el periné. Se completa con pruebas específicas como la manometría anal, que mide la fuerza de los músculos del esfínter, y la ecografía anal, que permite valorar la integridad de los esfínteres.
El tratamiento abarca desde medidas conservadoras hasta opciones quirúrgicas. Incluye la modificación de la dieta, el tratamiento farmacológico para conseguir heces más sólidas y la reeducación del esfínter mediante una técnica denominada biofeedback. En casos seleccionados se recurre a la reparación o reconstrucción de los esfínteres, la colocación de prótesis o la estimulación de los nervios sacros (marcapasos anal).