
Las hemorroides son vasos sanguíneos situados en el canal anal que han aumentado de tamaño de forma anormal.
Aunque no se conoce una causa única que explique su aparición, se han propuesto distintas teorías, como el aumento de la
presión venosa o la pérdida de los mecanismos anatómicos de fijación, que favorecen la dilatación de los vasos y el
debilitamiento de sus paredes, haciéndolos más susceptibles al sangrado.
Existen diversos factores que incrementan el riesgo de desarrollar hemorroides, entre los que se incluyen:
Las hemorroides internas se localizan en el interior del canal anal y, habitualmente, no producen dolor salvo cuando se
prolapsan al exterior. Sus síntomas más frecuentes son el sangrado anal indoloro, la secreción de moco y el picor o
prurito anal.
Las hemorroides externas se sitúan fuera del ano y están cubiertas de piel, por lo que pueden ser muy dolorosas,
especialmente cuando se inflaman o se trombosan. En estos casos pueden provocar dificultad para la higiene anal y dolor
intenso.
Las hemorroides no se malignizan ni se asocian con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. No obstante, el sangrado digestivo
puede ser una manifestación de otras enfermedades digestivas, por lo que siempre es recomendable una valoración médica
especializada.
En los casos más leves, el tratamiento se basa en la modificación de la dieta para disminuir la constipación y el esfuerzo
defecatorio, aumentando la ingesta de líquidos y fibra, junto con el uso de lubricantes. En algunos pacientes se añaden
baños de asiento con agua templada; el agua fría se reserva únicamente para casos de sangrado activo importante.
En casos de mayor afectación puede indicarse la ligadura hemorroidal, un procedimiento ambulatorio que consiste en la
colocación de una pequeña banda elástica en la base de la hemorroide para interrumpir su irrigación. Es un procedimiento
indoloro, no requiere anestesia y está indicado principalmente en hemorroides internas de pequeño tamaño.
Cuando los síntomas son muy importantes y no responden a otros tratamientos, puede ser necesaria la extirpación quirúrgica,
que solo se realiza en un pequeño porcentaje de los casos. La cirugía con láser no ha demostrado ventajas frente a otras
técnicas quirúrgicas y no es menos dolorosa, a pesar de la creencia popular.
Existen técnicas diseñadas para reducir el dolor postoperatorio, como la hemorroidopexia guiada por Doppler (THD), que en los
casos indicados ha mostrado una menor necesidad de medicación analgésica tras la intervención y disminuye radicalmente las complicaciones de incontinencia o estenosis.
Cada caso es diferente. Si presenta síntomas compatibles con esta patología o desea una valoración personalizada,
puede ponerse en contacto con nuestro equipo especializado en cirugía colorrectal.
No. Las hemorroides no se malignizan ni se asocian con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. No obstante, el sangrado anal puede ser una manifestación de otras enfermedades digestivas, por lo que siempre es recomendable una valoración médica especializada.
Sí. En los casos leves el tratamiento es conservador: aumentar la ingesta de fibra y líquidos para evitar el estreñimiento, uso de lubricantes y baños de asiento con agua templada. En casos intermedios puede indicarse la ligadura con banda elástica, un procedimiento ambulatorio e indoloro que no requiere anestesia.
La cirugía solo es necesaria en un pequeño porcentaje de casos. Existen técnicas diseñadas para reducir el dolor postoperatorio, como la hemorroidopexia guiada por Doppler (THD). La cirugía con láser no ha demostrado ser menos dolorosa ni superior a otras técnicas, pese a la creencia popular.
Las hemorroides internas se localizan dentro del canal anal y suelen ser indoloras (sangrado anal, secreción de moco, picor). Las externas se sitúan fuera del ano, cubiertas de piel, y pueden ser muy dolorosas, sobre todo si se inflaman o se trombosan.