
La fisura anal es una pequeña lesión o desgarro en la piel del ano. El síntoma más característico es un dolor severo que aparece habitualmente unos minutos después de ir de vientre y que puede durar desde minutos hasta varias horas. En algunos casos se acompaña de un ligero sangrado de sangre fresca.
La fisura anal no tiene relación con el cáncer. Su origen más frecuente es el paso de heces duras, habitualmente asociado al estreñimiento, aunque también puede aparecer tras episodios de diarrea.
Desde el punto de vista clínico, las fisuras anales se clasifican en:
En la mayoría de los casos, el tratamiento de la fisura anal es médico y sin necesidad de cirugía, logrando la curación en aproximadamente el 90 % de los pacientes.
El primer objetivo del tratamiento es corregir el hábito deposicional y reducir el traumatismo durante la evacuación:
Se recomiendan además los baños de asiento con agua caliente, que ayudan a relajar la musculatura del ano y aliviar el dolor. En algunos pacientes se asocia el uso de cremas específicas como tratamiento local.
En los pacientes que no responden al tratamiento inicial o en aquellos con fisuras crónicas, se puede añadir tratamiento dirigido a relajar el esfínter anal, mediante:
Cuando la fisura anal no responde al tratamiento médico, puede recomendarse tratamiento quirúrgico. La cirugía consiste en seccionar una pequeña porción del esfínter anal interno, lo que reduce la tensión y permite la cicatrización de la lesión.
En la mayoría de los casos se realiza de forma ambulatoria. En pocas ocasiones interfiere de forma crónica con la continencia fecal. Cuando está indicada, la cirugía presenta una alta eficacia, con tasas de curación superiores al 95 %.
Cada paciente requiere una valoración individualizada. Si presenta síntomas compatibles con una fisura anal o desea una evaluación personalizada, le recomendamos ponerse en contacto con nuestro equipo especializado.