
Un absceso anal es una acumulación de pus originada habitualmente por la infección de una de las múltiples glándulas que se localizan en el canal anal. Estas glándulas pueden obstruirse e infectarse, dando lugar a la formación del absceso.
En algunos casos, el absceso anal puede aparecer como manifestación de otras enfermedades, como la enfermedad de Crohn, una patología inflamatoria intestinal que aumenta el riesgo de infecciones perianales.
El absceso anal provoca una inflamación dolorosa alrededor del ano, que suele acompañarse de otros síntomas:
El tratamiento del absceso anal consiste en el drenaje de la colección de pus. Este procedimiento es fundamental para aliviar el dolor y evitar la progresión de la infección.
En determinadas situaciones, especialmente en pacientes con factores que pueden agravar la infección —como la diabetes u otras enfermedades asociadas—, puede ser necesario el ingreso en un centro hospitalario para un control más estrecho.
Tras el tratamiento del absceso anal, se suelen recomendar una serie de cuidados para favorecer la recuperación:
Por lo general, la reincorporación a las actividades laborales se produce en un corto periodo de tiempo.
En menos de la mitad de los pacientes, el absceso anal puede evolucionar a una fístula anal, una comunicación anómala entre el interior del ano y la piel. Por este motivo, es importante un seguimiento adecuado tras el tratamiento.
Si presenta síntomas compatibles con un absceso anal o tiene dudas sobre su tratamiento, le recomendamos una valoración personalizada por nuestro equipo de especialistas en coloproctología.
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